Davis, California (EEUU) Sept 2007 a Jul 2008
Bueno, podemos empezar con la primera experiencia en EEUU. Encontré piso a través de un servicio de correo de la universidad para estudiantes internacionales. El hombre con el que contacté parecía bastante cordial y dejó las condiciones. Era una casa con tres habitaciones, yo me quedaba con el cuarto más grande con cuarto de baño propio. Había dos personas más viviendo en el piso, él y otro chico. Una cocina, un salón, otro cuarto de baño y un patio. En fin, no estaba mal el planteamiento inicial.
Primer problema, no había cama. Una fastidiosa costumbre/manía del alquiler de los pisos en EEUU es que no traen absolutamente nada. Pero cuando digo nada, es nada. Ni cama, ni sofás, ni sillas, etc. Uno puede decir que tampoco es tan raro, pero viendo que en España y en Inglaterra casi siempre suelen traer algo incluído (al menos la cama) pues te choca. Más si cabe cuando eres un estudiante y vienes del otro extremo del mundo. En fin, conseguí una cama antes de llegar y para de contar.
Volviendo con la experiencia. Recuerdo el primer día que puse un pie en este país. Fue el 11 de Septiembre de 2007. Más de un amigo me dijo que estaba loco por volar ese día pero lo cierto es que es tan solo una coincidencia. Antes de ir, la universidad me asignó un buddy o persona de contacto para que te mostrase la ciudad y demás aspectos de la vida en el campus (en realidad fueron 2, pero la otra ni siquiera hizo el esfuerzo de contactar conmigo). La chica en cuestión, Lauren, fue muy amable y simpática, me recogió en el aeropuerto de San Francisco y me llevó hasta el piso que alquilé. Intentó ayudarme, pero primera sorpresa, no había nadie en la casa ni en la oficina del complejo. Llamamos al que me la alquiló y no lo coge, llamo al otro roommate y no lo coge. Aunque no sé por qué tengo la impresión de que oigo un especie de timbre cuando llamo a este roommate. Total, desesperado no sé que hacer. Me dice que no me preocupe que hacemos un par de mandados que tenían que hacer y que lo intentamos de nuevo más tarde. Volvemos y ahora de casualidad encuentro que algo se mueve en la casa. Aleluya, al menos hay alguien. De hecho, llamo otra vez al roommate y el mismo sonido que creía escuchar antes vuelve a sonar con mayor intensidad. El muy capullo estaba dormido en su cuarto y ni caso antes. Desperezado de su sueño me abre la puerta, me deja entrar, vamos a la oficina, volvemos, me da la llave y me muestra mi habitación. Gran chasco, aquello era una pocilga. No habían limpiado en siglos. Mi cama daba pena y no había sábanas ni mantas ni nada. Creo que le di tanta pena a la chica que me ofreció llevarme a su casa y darme alojamiento esa noche y al día siguiente llevarme de compras para poder subsistir. Por una lado sufrí lo malo de una situación muy decepcionante, pero por otro pude vivir de primera mano la amabilidad de una persona que no me conocía de más de un par de correos. Gran contraste, por un lado eran unos desalmados y por otro lado no podían haberme tratado mejor.
Al día siguiente tras comprar mis primeros bienes (y ver lo fácil pero lo caro que es conseguir cosas en este país) de equipo en EEUU pude volver a la casa, firmar el contrato y convertir aquello en algo medianamente habitable. Me costó mucho limpiar el cuarto. Aquello era imposible de limpiar en condiciones, había suciedad por todos sitios. Intenté hacer lo mejor que pude pero no fue suficiente. Protesté en la oficina diciendo, que qué demonios es eso de que no te entreguen una casa en perfectas condiciones. Su respuesta, podéis imaginar, es que eso no era su problema. Sinceramente, he vivido el alquilar en tres países y sin duda EEUU es el peor en ese sentido, los apartamentos cuando los entregan dan asco con sólo mirarlos de refilón. Pude conocer al hombre con el que contacté por Internet y me explicó la situación. Su cuarto estaba ocupado por dos chilenos, lo había alquilado durante el verano porque estaba trabajando en Fresno. Volvería en un mes, aunque lo cierto es que tuvo un accidente y empezó a vivir en casa de su novia. No volvió a aparecer por el piso salvo unas cuantas ocasiones y usaba su cuarto como trastero. No obstante, siguió pagando todos sus recibos aunque en verdad nunca pasó una noche en casa. El otro roommate era un estudiante indio de doctorado. No demasiado locuaz, por decirlo de algún modo. Había que arrancarle las palabras de la boca. También había que arracarle la sonrisa, las ganas de limpiar la cocina y preocuparse mínimamente de la casa. Si os cuento que cuando llegué, el muy guarro no tenía ni un cubo de la basura para la cocina. Dejaba las bolsas en el suelo con toda la basura dentro (y sí, había cucarachas a punta pala). En fin, un desastre que no había por donde cogerlo. Cada vez que cocinaba dejaba toda la casa con un indescriptible olor a curry, que si hubiese sido bien cocinado pues sería agradable, pero no lo era. Andar por la cocina después de que cocinase era toda una aventura. Mejor no ir descalzo suponiendo que alguna vez no podía levantar la suela del zapato cuando andaba por ahí.
La total falta de limpieza y sociabilidad del chico fueron la lacra de la casa en lo que estuve allí. Mi experiencia más desagradable fue aquella que comenté ya hace años en el blog. La comentaré de nuevo. Un día el muchachito dejó en el fregadero así como 2 o 3 platos sucios. Tampoco me voy a poner muy tiquismiquis pero iba empezando a hacer calor y había un buen enjambre de moscas revoloteando alegremente alrededor de los platos. Le dije, amablemente, que hiciese el favor de limpiar los platos y meterlos en el lavavajillas. Su respuesta fue coger el día siguiente y dejar bastante más platos igual de sucios en el fregadero. Monté en colera porque no aguantaba más su mutismo y pasotismo. Cogí todos los platos del fregadero, llamé a su puerta y se los puse en el suelo de su cuarto. Cuando fue a protestar empecé a gritarle que no me hacía ni caso y que estaba harto de lidiar entre sus desechos. Luego llamó a mi puerta y con una voz gangosa y entrecortada empezó a decir que era de muy mala educación lo que había hecho y tal. Yo le respondí, que la mala educación es que te pidan algo y pases olímpicamente de lo que te digan. En fin unos cuantos gritos más y se fue a su cuarto. Empezamos a dejarnos una serie de correos escritos a mano diciéndonos cosas agradables el uno al otro y fin del asunto.
¿Obré correctamente? Realmente no, tenía que haber sido más diplomático. Me arrepiento de lo que hice. No, sinceramente no. No puedo entender como alguien podía tener unos estándares de limpieza tan ínfimos. He visto a gente guarra, menos limpia, normal, limpia, muy limpia y fanáticos de la limpieza. Pero el límite de este chico rompió todos mis esquemas. En lo que quedó de año empecé a buscar ocasiones para sonrojarlo. La más memorable fue un día que volvía a casa de un viaje y mientras iba andando de vuelta me encontré la puerta abierta y 3 cucarachas entrando por la puerta. Él estaba en la cocina y lo saqué (me faltó agarrarle de la oreja como hacían en el colegio) diciéndole que mirase lo que estaba entrando por la puerta. Le dije, que si me metía con él y su falta de limpieza era precisamente por eso. Porque si dejas la casa sucia, en especial la cocina, atraes a todo bicho viviente a tus restos de comida. Sin hablar de los olores …
En el fondo, si dejamos de lado ese terrible problema, el chico no daba demasiado de lo que quejarse. Ni traía amigos, ni hacía fiestas, ni ponía música. En fin, estudiaba mucho y poco más. No hacía demasiados esfuerzos conmigo ni yo con él tras cierto tiempo. La relación se convirtió en una no-relación. Pero puestos a estar mal, digamos que es la posición más cómoda. No dar demasiado por saco el uno al otro y sobrellevar la situación.
Aunque no sea psicólogo, mi impresión de este chico es la de un estudiante que no tiene mucho que hacer socialmente salvo sacarse su doctorado o máster fuera de su casa. Relegando todo detrás de sus estudios, sin capacidad social y descuidado de su higiene y aspecto. No creo que tuviese maldad en su carácter, simplemente que era un desastre.
Fue un año excepcional en todo lo demás. La mala experiencia en casa no me afectó demasiado, no hacía tampoco demasiada vida en la misma salvo para estudiar y un par de cosas más. Lo pasé bastante bien en Davis en todos los sentidos. He hablado en otras ocasiones sobre lo que me gustaba de allí y sigo teniendo una opinión similar. Creo que es una ciudad estupenda para ser estudiante en EEUU. Es una ciudad acogedora, con actividiades pensadas para estudiantes, en la que desplazarse es bastante fácil y sobre todo es más barata que la media de ciudades en las que hay una University of California. Aunque esto último digamos que eso último no se aplica en esa zona. Davis es bastante caro para la zona en la que está, aunque comparativamente no es demasiado caro con el resto de California. De todas formas esto último no cuenta en las historietas de Roommates que continuaré en el próximo post.







Ayer asistí por primera vez a una fiesta de Halloween americana. Esas en las que todo el mundo lleva disfraz y en la que según mi amiga
La impresión que me ha causado este fin de semana es que efectivamente la gente le da mucha importancia al disfraz pero en el caso de las chicas y ahora espero sinceramente no ofender a nadie porque no es mi intención los disfraces se suelen reducir a aparantar ser un putón verbenero. Mi casa está cerca de una avenida en la que están todas las casas de fraternidades y cuando me llevaron en coche para la fiesta en la que estuve mi impresión era que estaba más bien en la casa de campo en Madrid una noche cualquiera que en Davis. Personalmente que opino, pues que es una alegría para la vista de cualquier heterosexual medio como yo pero creo que se le da excesiva importancia a todo este tinglado. En el fondo no soy un chico de ir a muchas fiestas, me gusta llevar una vida más tranquilita pero de vez en cuando está bien romper con la monotonía.
Pero bueno a lo que iba, aconsejado por la gente de aquí y por Alicia decidí tirar un poco de tarjeta y pillarme un traje. Me llevaron a una tienda en Sacramento y al menos puedo decir que si no me gusta demasiado este tinglado tengo que reconocer que la estética y la forma de esa tienda en Sacramento me encantaron. Estaba muy bien montada y merecía la pena visitarse. Así que bueno sigo disfrutando estas tradiciones americanas.





