Bueno, ya estoy más o menos establecido en La Jolla (California) donde se encuentra la University of California, San Diego. Aun me quedan cosas que hacer y mi vida no es lo suficientemente interesante como para relatar experiencias cotidianas.
Lo que si puedo contar un poco es como fue la “Orientation Week” que nos dio la Caixa.
ATENCIÓN SI ERES UN PRÓXIMO BECARIO DE LA CAIXA Y NO QUIERES SABER LO QUE TE ESPERA EN IDIANA NO SIGAS LEYENDO.
Antes de empezar, desde aquí doy las gracias a la Obra Social “La Caixa” por como nos están tratando porque el trato es insuperable.
El viaje comenzó el domingo 15 de agosto desde Barcelona y Madrid con rumbo a Filadelfia donde nos encontramos con un buen grupo de becarios. Tras las 9 horas y media de vuelo llegamos a suelo estadounidense en donde tuvimos que pasar los siempre agradables controles migratorios.
Pasado el trámite esperamos a coger el siguiente avión rumbo a Indianapolis. Allí nos nos recibió Paul Fogleman, el coordinador de estudios junto con una comitiva de Indiana University y también nos encontramos con otros becarios que ya habían llegado a EEUU hace algún tiempo. Un autobús nos dejó en Bloomington, IN sede de uno de los campus de Indiana University. Allí entramos en lo que sería nuestro primer hogar en los EEUU, un magnífico hotel que no se parece en nada al alojamiento que nos espera en los próximos años.
Tras desayunar en el comedor del hotel, pasamos a tener la primera reunión de la semana. En ella se nos informó mejor del funcionamiento de la beca y se nos dio un cheque con un estipendio para la semana y algunos afortunados el primer cheque de la beca. En mi caso, me tocó esperar porque mi programa empieza más tarde. Tras la reunión almorzamos y nos llevaron a un parque estatal con multitud de instalaciones para entretenernos el resto del día: Pista de voleibol, piscinas, senderismo y paseos a caballo. Nunca antes había montado a caballo y la experiencia fue un tanto extraña. Mi caballo era algo vago y estaba como una chota. De repente se paraba un rato y luego le daba por ir muy rápido al trote. En los descensos era una auténtica furia y una vez estuvo a punto de saltar y dejarme tirado en la cuneta. Tras el paseo por el campo, volvimos al pueblo y nos preparamos para una cena en un restaurante afgano, cuya comida no difiere mucho de la de Irán o incluso de la India en definitiva de esa zona del mundo.
El martes tuvimos los Team Building Activities. Por decirlo de algún modo, a los americanos les gustan los eventos en los que haya que reunir mucha gente en el campo y desempeñar actividades físico-psíquicas (más de lo primero que de lo último) en grupo ya que se supone que mejoran la cooperación y el trabajo en grupo. No digo que no sea verdad, pero de ahí a la importancia que le dan al trabajo en el campo durante un día me parece que hay un abismo. El caso es que estuvo bastante currado, nos dividieron en grupos y tuvimos que ir en canoas dando vueltas al lago Monroe haciendo pruebas mientras íbamos de un sitio a otro. Al principio fue fácil ir con la canoa porque íbamos con la corriente, pero a la vuelta la corriente iba en contra y era muy fuerte. Nos costó bastante remar hasta el embarcadero. Al final, todos los grupos tuvimos que hacer una “performance” ante el resto. Ya que una de las pruebas consistía en hacer una canción para el grupo, la mayoría de los grupos cantaron esa canción meneándose al ritmo de un baile inventado con cierta prisa. Sin embargo, mi grupo hizo el mejor espectáculo de todos al meter a 10 personas en una canoa al más puro estilo de los hermanos Marx … por supuesto la canoa se hundió con el equipo y todo acabó en un chasco. Nuestra monitora no quería mirarnos a la cara por el bochorno que pasó, sin embargo luego me dijo que a pesar de la cagarruta que hicimos tuvimos una gran aceptación entre el jurado y nos dieron una puntuación bastante alta. Esa noche nos llevaron a la Well’s House, donde acompañados de música Blue Grass disfrutamos de una agradable e informal cena. Digo lo de informal, porque ese fue el término que usaron y el menda aquí presente se presentó en chanclas, camiseta y pantalones cortos rodeado de gente que llevaba camisas y pantalón largo. En fin, un tanto fuera de lugar.
El miércoles fue el último día en Bloomington y nos llevaron de visita a la biblioteca de la universidad, donde nos mostraron las joyas que guardaban en la misma: desde primeras ediciones del Quijote, pasando por obras de Shakespeare, una de las primeras declaraciones de independencia de los EEUU o los Oscar ganados por John Ford. Es bastante impresionante que una ciudad en mitad de ningún sitio tenga una colección tan apreciable. Eso me hace pensar en lo mucho que los americanos aprecian su historia y lo corta que es esta. En esa biblioteca tenían una sala dedicada a Lincon y uno de los comentarios que escuché a los becarios fue: en casa de mi abuela tenemos cosas más antiguas. No pude sino coincidir con él, la historia tan reciente de los EEUU hacen que sobrevaloren muchas de las piezas de sus museos y le den una importancia desmesurada a algunas cosas. Después de la visita a la biblioteca, hicimos una visita a un museo local con piezas que he de decir también muy impresionantes de artistas como Miró, Picasso, Kandinsky o Pollock entre otros. Tras esa mañana tan cultural nos llevaron a almorzar a uno de los salones más importantes de la Universidad destinado según ellos a los visitantes más ilustres de la misma, como el Dalai Lama o jefes de estado. Tras la comida nos llevaron a tomarnos la foto de grupo y también esa noche tuvimos otra cena, esta vez formal y a la cual me vestí con un traje … lo que acabó siendo demasiado arreglado porque no mucha gente acabó llevando traje salvo las personas más adultas. Esa cena se celebró en el salón Tudor decorado al uso de esa familia real británica.
El jueves salimos en autobús hacia Chicago donde al llegar disfrutamos de una de sus famosas pizzas rellenas de queso. Unas bombas de calorías que amenazan a tus arterias más de lo que quisieras. Tras comer tan deliciosos y peligrosos manjares marchamos a un punto de observación de la ciudad. El mejor lugar para observar Chicago según el conductor del autobús. Si alguno está en Chicago o planea ir a la ciudad, este lugar se encuentra en el parque que hay entre el observatorio y el acuario Shed. Tras hacernos una nueva y no-oficial foto de grupo con el sky-line de la ciudad al fondo nos dirigimos al hotel. Allí nos dejaron tiempo libre hasta la cena que fue en un restaurante mexicano en el que sin exagerar puedo decir que ha sido de los mejores mexicanos en los que haya comido en toda mi vida. Cosa rara, porque en la costa este ese tipo de comida no es que la hagan demasiado bien. Aunque todo sea dicho, en Chicago hay una comidad mexicana muy importante y quizás eso haga que se puedan encontrar restaurantes tan buenos.
El día siguiente tuvimos libertad de movimiento y tan sólo teníamos en la agenda reunirnos para dar un paseo en barco el rio de Chicago. En tal paseo se pueden observar los distintos edificios de la ciudad que la convierte en la verdadera ciudad de los rascacielos en EEUU por mucho que le pese a Nueva York. Tal paseo lo había realizado hace ya unos años cuando visité Chicago por primera vez, pero sigue siendo igual de impresionante y de recomendable aunque lo hayas hecho ya alguna vez. Tras esa espectacular visita tuvimos la última cena oficial del programa en un restaurante del Navy Pier, un puerto que a pesar de su nombre militar ya no conserva nada de su pasado castrense y es totalmente recreativo. En esta cena, el organizador de la semana de orientación, Paul, se despedió de nosotros con un emotivo discurso en español y tras él una sucesión de discursos de miembros de todo el grupo, desde becarios hasta nuestra querida madrina en el programa de becas desde Barcelona, Emilia. Una cena muy emotiva que tuvo como colofón una visita al bar de la torre Hancock y otros tuburios de la ciudad.
Al día siguiente tuvo lugar la última visita, que correspondió al museo de arte contemporáneo de Chicago. Otra visita que recomiendo encarecidamente a los visitantes de esta ciudad. Este museo posee algunas de las piezas más impresionantes que he visto en los EEUU y merece ser visitado tan sólo por el edificio en el que se encuentra. Tras esto, Paul se despidió definitivamente de nosotros y tuvimos nuestras últimas horas en Chicago que aprovechamos hasta literalmente el día siguiente cuando nos fuimos al aeropuerto … en limusina (sí, suena como a un derroche pero si hacéis las cuentas un taxi al aeropuerto son unos $40 sin propinas, la limusina eran $120 sin propinas pero la compartimos entre 7 saliendo a menos de $20 por persona que se quedaron en eso incluyendo propina, es decir mucho más barato en el fondo) donde cada uno cogió un avión que lo llevaba a su ciudad de destino … la mayoría a Nueva York y Boston desde luego, pero algunos más aventureros pusieron rumbo al oeste como yo. Cogí un avión a San Francisco para pasar unos días con amigos de vacaciones y a la semana siguiente llegué a San Diego donde mi aventura de becario comenzaba de verdad.
Espero que a los becarios que nos sigan esta guía les sirva para hacerse una idea de lo que se encontrarán esa semana.






