Historias de mis roommates tristes (III)

San Diego, California (EEUU) Septiembre 2010 – Abril 2011

Mi última experiencia con roommates, la más dolorosa de todas sin ninguna duda. En esta experiencia he afianzado más mis impresiones de que el Emilio de Rousseau es un mito y que en realidad ese mequetrefe habría sido un mamón en caso de materializarse. Todo empezó con la búsqueda del apartamento en San Diego. A diferencia del caso de Davis, me costó mucho encontrar apartamento aquí. A pesar de que en Davis hay lista de espera de casi un año para conseguir un apartamento y en teoría aquí hay más disponibilidad lo cierto es que me llevó muchísimo tiempo encontrar un apartamento.

Las razones por las que no lo encontraba eran variadas. La principal era el precio, los alquileres de la zona están desproporcionados. Se paga mucho por demasiado poco. Puedes aducir que todo va con el nivel de vida y el nivel de oferta y demanda. Por poca oferta que haya en una universidad los estudiantes no van sobrados de dinero y en teoría hay límites en los que debes poner la oferta si en verdad quieres que te ocupen la casa. En resumidas cuentas, lo veía como un robo. Acabé pagando $850 por una habitación en una casa compartida por dos personas más. De lo que había visto en anuncios no estaba del todo mal. Alguna gente pagaba algo menos con la salvedad de que había gente viviendo en el salón y en otros sitios se pagaba bastante más. En fin, en la media. La segunda razón por la que era difícil encontrar sitio era el emplazamiento de la casa. Si la universidad no estaba cerca o no había transporte público o rutas de bicicleta la casa era inútil. Me he quejado del transporte público en EEUU muchas veces, lo vuelvo a hacer. Mi experiencia es que salvo en algunas grandes ciudades como Nueva York, Boston, Chicago y muy cuestionablemente en San Francisco el transporte público brilla por su inutilidad y ausencia. San Diego no es una excepción, de hecho jamás he visto una ciudad en EEUU con un planteamiento tan ineficiente y disfuncional del transporte público. En gran parte no es culpa de la organización del transporte público sino de un nefasto urbanismo orientado al vehículo privado y de la dificultad para expropiar terrenos y utilizarlos para hacer trenes y metros (aparte de su limitada utilidad por la baja densidad poblacional). La tercera eran los potenciales roommates, este caso era más variopinto. Personajes que parecían psicópatas, tipos con la cara de cemento armado, racistas (me arriesgo a que me corran por lo que voy a decir pero algunos me rechazaban simplemente por el hecho de no ser asiático … desde luego, no es la clase de racismo que me esperaba. Ya sé, esto es muy subjetivo pero tengo documentos por ahí que más o menos vienen a atestiguarlo).

Tras mucho buscar encontré el sitio donde me quedaría. El panorama era el siguiente: Casa a compartir con dos roommates más. Dos chicas, una estudiante americana (de Arizona) de doctorado en bio-ingeniería y una estudiante de máster italiana que venía a hacer una estancia durante un año. Cada uno con su habitación propia, la americana se quedaba con la habitación grande que tenía cuarto de baño. La italiana y yo en las pequeñas compartiendo baño. Las habitaciones en el piso de arriba y en el de abajo salón-cocina-comedor y un pqueño patio. La casa era apacible en el fondo, estaba en buenas condiciones y era teóricamente fácil llegar a la universidad. Esto último resultó no ser verdad, pero bueno luego te inventas las formas de llegar. La chica con la que contacté era la americana y no me dio mala impresión, parecía simpática y se prestaba a ayudar en lo posible.

Llegué a finales de agosto. Primer chasco, aunque era aceptable porque lo sabía de antemano, me encuentro el salón lleno de trastos. Se debía a que la chica que vivía en la habitación de la italiana aun no se había ido y tardaría unas semanas en mudarse hasta que pudiese ir a su nuevo apartamento. Yo no me quejaba del asunto, era un fastidio pero me avisaron y la chica hacía lo posible por estorbar lo menos posible. Pienso que debería haber puesto las cosas en otro sitio si iba a tardar dos semanas en irse, pero bueno esa es otra historia. Cuando vi mi habitación me llevé una decepción algo grande. Era ridículamente pequeño. Lo más pequeño que he tenido nunca y por el que más he pagado en mi vida. No salía de mi asombro con eso. Pero en fin, San Diego es un sitio caro donde vivir y algo así tampoco era tan descabellado. Intentaba tomármelo con humor. Al fin y al cabo estaba allí y podía ser peor.

La anterior inquilina se fue, llegó la chica italiana. Muy simpática y amable, nunca había vivido sola antes y se notaba. Pero siempre preguntaba todo antes y estaba dispuesta a escuchar. Lo cierto es que la echo de menos. El salón se fue vaciando de trastos y aquello parecía algo más normal. Se limpió en el salón y aquello parecía habitable. Todo parecía echar a andar en condiciones. En fin, genial …

Hasta que las cosas comenzaron a ponerse raras. No sé si es porque soy muy irascible, o si me tomo las cosas muy a pecho y lo exagero todo pero el caso es que a los pocos días empecé notando un compartamiento un tanto desconcertante de la americana. Ante situaciones normales de cordialidad y conversaciones habituales ella siempre soltaba puntillas. No sé si entendéis esta expresión, soltar puntillas viene a ser: decir ciertos comentarios para demostrar tu superioridad respecto al resto y hacer sentir inferiores a los demás. Cosas del tipo: si yo tengo esta beca yo soy mejor que tú porque tengo esta que es mejor, si he estado en este sitio e hice tal, yo he estado en el mismo sitio, hice lo mismo, pero mejor que tú y he estado en más lugares. En fin, es subjetivo pero no podía pasar una conversación con ella en la que no sacara a relucir su aparente superioridad frente a mi. Cosa que por otro lado no debería sorprenderme tanto. Esto es generalizar y no debería hacerlo, no obstante creo que a veces es una postura humana reafirmarse y no parecer débil con respecto al otro, en fin algo de esta reacción es lógica. Pero noto en los americanos (ojo, no en todos) cierta tendencia a mostrarse superiores y nada humildes ante todo el mundo. Como si tuviesen la necesidad forzosa de afianzarse y no mostrar ningún tipo de debilidad. En fin, que no es algo propio sólo de ellos sino que se ve en todos sitios aunque mi impresión es que lo veo más por aquí que por otros lares. Pero para que vamos a engañarnos, a mi ese tipo de actitud me empezó poco a poco a sacar de quicio. Que te lo hagan de vez en cuando, pues mira pica pero no va a más. Todos los días, te acabas hartando. Le acabas por coger cierta indeferencia a la persona y a pasar de ella.

La indiferencia con el hartazgo es fácil mutarla en odio y aversión. La primera tempestad se produjo el fin de semana de Halloween. La semana siguiente tenía exámenes parciales de todas las asignaturas, una delicadeza de los profesores dejar los exámenes para después de la fiesta y que pudiésemos estudiar ese día en vez de emborracharnos. El jueves llegué a casa, cansado y tarde. Mi única intención era cocinarme un poco, cenar, estudiar y dormir. En fin, nada lejos de la rutina. Cuando llego me encuentro la televisión a todo volumen y el salón lleno de personas. Estaban viendo una serie, vale OK. Voy a la cocina y me encuentro que absolutamente todo está ocupado y sucio. Ni un triste espacio en la encimera, ni una sartén o un hornillo. Encima de la hornilla hay una olla con una especie de arroz que se asemeja a una paella. No me lo podía creer, no sólo no habían limpiado absolutamente nada sino que encima ni siquiera tenían la deferencia de al menos levantarse y dejar cierto espacio. Nada de nada, las carcajadas que soltaban me estaban apuñalando. Me puse delante de ellos y miré a la roommate a la cara (y no con cara de buenos amigos). Nada, ni puñetero caso oye. Que el problema no iba con ella. Volví a mi habitación empecé a estudiar y esperar a que terminasen, al fin y al cabo era sólo una serie. Pero nada, la serie tuvo otro episodio y luego se pusieron a jugar a juegos de mesa. Todo esto a grito pelado y yo bajando varias veces pidiéndoles que no hiciesen tanto ruido y que limpiasen la cocina. Nada de nada. Al final a las 11 de la noche les dio por terminar y quitar algunas sartenes, pero eso de limpiar no iba con ellos. Pude al final hacer algo cuando la mayoría se fue y dejaron algo de espacio en la cocina. Pero cuando se fueron a dormir me acerqué a su cuarto y le dije que no me parecía bien que no dejase espacio nada más que para ella y que hiciese el ruído que hacía. No se lo tomó bien. Decía que podía haber cogido de la comida que ella había preparado … no le dije que yo no comía su mierda de intento de paella por nada del mundo y que no tenía derecho a imponerme lo que tenía que comer porque a ella le saliera del higo llevar a sus amiguitos a casa, no obstante me quedé con las ganas. A todo esto, en la casa se quedaron varias personas a dormir en la salón sin que me dijese nada. Evidentemente, al día siguiente no salí de mi asombro cuando los vi en el sofa cuando iba a desayunar. Resulta que una de las que se quedó era su hermana. Se le olvidó mencionarme que se iba a quedar 5 días en la casa … mira tú por donde.
La noche siguiente les dio por participar en un concurso de disfraces de Halloween. Su idea fue disfrazarse de los personajes del Mago de Oz. Eso sí, preparando los disfraces dejaron el salón totalmente inútil. Tengo testigos que pueden verificar esto último por si pensáis que exagero. El que se disfrazó del hombre lata dejó los restos de un cubo de basura que había sido cortado al efecto por el salón. Paja por el suelo y sobre todo un montón de trapos inútiles que entorpencían todo. La mayor gracia fue cuando me metí en el cuarto de baño y a la hermana no se le ocurrió mejor sitio que dejar su consolador que al lado del grifo. A mi personalmente lo que haga cada cual con su sexualidad mientras no esté haciendo daño a nadie no me importa, nunca he sido un purista en ese aspecto. Pero una cosa es ser abierto de miras y otra es que me pongas eso donde me lavo las manos. ¿Qué necesidad tengo yo de ver eso? No le dije nada a la hermana en relación al consolador pero un día ya un poco harto le pregunte hasta cuando pensaba quedarse. En fin, luego llegaron … borrachos y lo de limpiar claro está no iba con ellos. De hecho, no se limpió la casa absolutamente nada hasta una semana más tarde. Momento exacto en el que le envié un correo de protesta a la roommate ya que estaba todo el rato con sus amigos y nunca tenía la ocasión de hablar con ella en privado.

Su reacción, pues como el de toda niña mimada es que el malo era yo. Que si quería podía haberle dicho que limpiase, cierto, pero no quería hacerlo delante de todos sus amigos y dejarla en evidencia. Además me dijo que no tenía ningún derecho a decirle nada a su hermana, yo creo que fui suave con ella y que debería haberle mencionado que nunca me dijo que se quedaría lo cual es una falta de educación y que si me dejaba consoladores en el cuarto de baño podía enfadarme. Aunque claro, me callé por no liarla más. En fin, primer encontronazo fuerte. Al menos limpió todo los desperfectos del salón y desde entonces cada vez que traía amigos y me veía entrar dejaba al menos un trozo de la encimera y sartén para que cocinase. No obstante, la relación no mejoró mucho desde entonces, Pero eso será en otro post.

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