Esta mañana escuchando la radio ha salido el tema de la vuelta al colegio con la crisis económica que estamos viviendo en España. Es evidente que la vuelta al colegio de los niños acarrea un gasto extra. Según las estadísticas en media en España sale por unos 500€ si tu hijo va a un colegio público, 850€ si va a uno concertado (esto es mitad público mitad privado) y unos 1150€ si va a uno privado. Es decir una cantidad nada despreciable en la economía de un hogar medio español.
Evidentemente de todos los gastos el más grande viene por los libros de texto. Me ha alegrado saber que en España existen comunidades autónomas (entre ellas Andalucía) en las que se aplica una medida que yo incluso veía lógica de niño cuando iba al colegio. En la radio la han denominado préstamo de libros. Consiste en lo siguiente: la escuela deja a los alumnos los libros de texto que van a usar durante el curso y al final del mismo, el niño tiene que devolverlos para que puedan ser usados de nuevos al año siguiente. Los libros se renuevan cada cuatro años y algunos anualmente.

El Sony Reader es una solución que usa tecnología de tinta electrónica
No entiendo la razón por la cual cuando yo estudié en el colegio esto no se llevaba a cabo. Me parece la idea más inteligente del mundo. Aparte de darlo yo haría pagar a las familias un porcentaje de los libros al principio del curso. No por hacer negocio sino como depósito de seguridad. Así si su hijo se dedica a pintar el libro y a dejarlo inservible ese dinero se usaría para reemplazarlo.
Cuando comenté este tipo de procedimiento con amigos su respuesta iba por el lado de que eso supondría que los niños no disfrutarían de libros nuevos cada año. Lo cual me parecía un disparate. Cuando llegas a la universidad, al menos en España no se compran todos los libros del mundo. Se suele usar la biblioteca y la mayoría de libros que se compran muchas veces van a parar a eBay o se vuelven a vender de alguna manera. Usar la biblioteca o comprar de segunda mano implica que no tengas un libro nuevo al principio del curso y no veo a nadie rasgarse las vestiduras por eso.
El problema viene de que les quitas negocio a los libreros, pero al igual que ocurre con otras “cofradías” de trabajo en España esto es un problema de mercado. Es duro, pero hay que aceptar muchas veces que la tecnología cambia la forma de ver y usar el mundo. Esto va a pasar en un plan muy duro con los libros cuando soluciones basadas en tinta electrónica van a desplazar al libro tradicional a algo que se tendrá como recuerdo o reliquia. No habrá manera de sustituir el placer de coger un libro y leerlo pero hay que reconocer que muchísimos libros que se publican son innecesarios y se podrían obtener digitalmente con un menor coste para la naturaleza. No hablemos ya de periódicos o de la publicidad.
Así que mi solución a corto o medio plazo para libros de texto sería el préstamo de libros, a pesar de la oposición de los libreros y en un futuro cuando la tecnología sea lo suficientemente barata y seguro dar a los niños paneles de tinta electrónica y descargar los libros a sus pupitres.

