Este post es un tanto raro pero en fin lo explicaré. Resulta que hace tiempo que vengo recibiendo en mi cuenta de Hotmail una serie de correos de un personaje llamado Proudhon en el que siempre se hacen referencias de temas de actualidad con una visión que no comparto en absoluto. Yo tengo mis ideas y cuando la gente me las pide se las doy y cuando quiero compartirlas lo hago de manera no intrusiva con el blog (al que no obligo a leer a nadie). Por lo tanto cuando recibo correos en mi cuenta intentando inculcarme ese tipo de pensamiento y moral sólo se me pasa la cabeza porqué este personaje no se mete el email por donde le quepa. No sé como habrá obtenido mi dirección pero yo desde luego no le he pedido que me envíe correos de ese tipo. La gente me dirá que porqué no pongo un filtro y se acabó lo que se daba y la razón de que no lo haga es que aunque no comparto sus ideas a veces me da por leer lo que escribe y encuentro textos como el que voy a poner a continuación.
Flagelantes en Sevilla
Al Gore viene a Sevilla. Viene para tratar del cambio climático, impartir santos preceptos y formar predicadores que recorran los caminos anunciando la mala nueva del fin del mundo. Sin duda, el cambio climático existe: existe desde el Big‑bang; sin duda, actuaremos de forma irresponsable caso de no poner fin a las basuras que arrojamos por el aire, a los mares y a lo ríos; sin duda, debemos preservar los bosques, las marismas, las selvas y los desiertos que hacen al planeta tan hermoso y habitable. Pero no existe ni un solo dato comprobable que permita culpar al hombre de los cambios en el clima. La predicación de Al Gore no pasa de ser pura fantasía. Lo sé. Sé que acaba de ganar el Premio Nóbel de la Paz; aunque también sé que desde que en Europa echó raíces la corrección política tales premios suelen darse a tontos de capirote. Al Gore no es ningún tonto; muy al contrario, ha descubierto el productivo filón de la supersticiones milenaristas.
Miro una foto del ex vicepresidente americano: aparece de pie ante una gran pantalla donde se proyecta la espiral nubosa del huracán Katrina que arrasó Nueva Orleáns; el señor Al Gore parece estar explicando que las catástrofes naturales son culpa del ser humano. Recuerdo de aquellos días desastrosos haber visto en televisión a una profetisa airada recitar los pecados cometidos contra nuestra madre Gea que ahora nos castigaba. Pues no, querida señora, Gea ni castiga ni deja de castigar. Cuando a finales del verano de 1527 Alvar Núñez Cabeza de Vaca llegó a las costas de Cuba se dio de bruces con un tifón, algo espantoso para quienes venían de España y eran desconocedores de ese fenómeno. En su Naufragios y comentarios, Cabeza de Vaca lo cuenta así: «El agua y la tempestad comenzó a crecer tanto que todas las casas e iglesias se cayeron, y era necesario que anduviésemos siete u ocho hombres abrazados para podernos amparar que el viento no nos llevase… El lunes la tormenta cesó, bajamos al puerto y no hallamos los navíos; nos metimos por los montes y encontramos la barca de una de las naves puestas sobre los árboles. La tierra había quedado tal que daba lástima verla: caídos los árboles, quemados los montes, todos sin hojas ni yerbas». 0 sea, que desde el siglo XVI hay huracanes. En realidad, existen desde siempre, como desde siempre existen cambios del tiempo. Este año los flagelantes del apocalipsis saltaron de gozo al descubrir que un glaciar había desaparecido: calentamiento global. Por desgracia al retirarse el hielo quedó descubierta una calzada del siglo XIII. Así que en la Edad Media el glaciar tampoco estaba allí.
El imaginario que pone a la misma altura del hombre a focas y osos polares y ve a la especie humana como casualidad marginal en la grandeza del cosmos se ha convertido en una religión antihumanista. Ya aparecen radicales que condenan lo que llaman la «herejía del humanismo». Va de suyo proteger la naturaleza, pero en beneficio del propio hombre centro del universo y cima de la creación. Sin nosotros, ni las tierras vírgenes ni los espacios infinitos existirían porque no son conscientes de su existencia y sólo existen si los miramos. Una religión peligrosa por lo demás. Cuando el humanismo deja paso al culto de la naturaleza, cuya única ley es la ley del más fuerte, estamos abriendo otra vez sin darnos cuenta las puertas al nazismo por mucho que ahora venga con disfraz de progresía.
La nueva iglesia apocalíptica tiene incluso sus indulgencias: el que contamina paga los pecados con limosnas. Pronto tendrá también su Inquisición. De momento, se escuchan gritos de histeria pidiendo tapar la boca a los no creyentes. La fe en la dictadura del proletariado ensangrentó el siglo XX. Veremos qué pasa en el siglo XXI con las religiones verdes.
Con este texto sólo puedo pensar en que a lo mejor este señor es el famoso primo de Rajoy.


Como tu dices, debajo de las piedras y está inusualmente activo enviado correos ultimamente. En fin, a la papelera
Pues la verdad es que si, o es primo de Rajoy o es Rajoy, o vive debajo de las piedras, y no creo q haya visto el documental de Al Gore ni por curiosidad ni para intentar documentarse sobre la porqueria que ha escrito…vaya tela, hay cada pajarito suelto…